LaFiestadelFindelMundo

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Volví a pensar en ti

Volví a pensar en ti

Mi sombra fue devorada por la tuya, perdí la esencia. La oscuridad de tu ser me ató, estrujó cada órgano, cada hueso, todo pensamiento.

Mis ojos ardieron envueltos en llamas al sentir el rose del recuerdo de tu mirada marrón. Los fuegos de tus pupilas jamás se extinguieron.

Volví a pensar en ti.

Y perdí la voz y con ello todas las palabras murieron. La comisura de tus labios al sonreír sujetaron la hebra que deshizo mi aliento y mi habla.

 Se partió mi espíritu en pequeños fragmentos, uno por uno fue desapareciendo con el transcurrir de los días. Mi alma te pertenece.

Volví a pensar en ti.

Volví a confundirme con tu imagen, con aquella figura cercana por fuera pero lejana en el interior, de corazón inalcanzable y pensamientos brumosos.

Volví a creer en una reconciliación, en la comunión de nuestros cuerpos. Siempre he sido un idiota. La fe y la esperanza agonizan.

Volví a equivocarme al seguir gestando fantasías, dibujando sueños sobre algodón y terciopelo. No me di cuenta.

Volví a despreciarte.

Volví a desprenderme de ti.

Volví a olvidarte (con demasiada dificultad).

No te tengo rencor, tampoco te odio.

Sencillamente me importas un carajo.

La Tierra Sutil

La tarde es azul [eléctrica]

                       [dispersa]el viento no cesa

                hojas del otoño[danzan]

        [lento palpitar]un corazón se estremece

                   al brillo del sol[explosión]

                                       la tierra sutil[…]

Reminiscencia

Miraba las manecillas de su reloj como si fuera la única cosa con sentido alguno a su alrededor. Le gustaba ver como el segundero iba deprisa, rebasando a las otras dos manecillas que eran lentas. Un día decidió quitarlas y dejar sólo la que marcaba los segundos. La vida le pareció más inquietante, comprendió que su figura era tetra dimensional y eléctrica.

Detestaba su trabajo y no dudó en renunciar para así entregarse a ella misma. Conocía el amor mejor que nadie y lo demostraba en cada elegante paso que daba sobre el asfalto. Acariciaba al sol con cada uno de sus cabellos, lo extinguía. Pocas veces dejaba de soñar e imaginar.

Nunca tuve el valor de mirarla a los ojos. Siempre he sido un cobarde.

I

Las paredes emanan la esencia de la futilidad, un hedor espantoso. No hay forma de salir del enorme agujero que mis antepasados construyeron con sus manos y que ahora resguardan con sus espíritus. Sus miserables quejidos que por las noches se escuchan mientras el viento sopla perturban mi sueño. Se esconden en las esquinas de la casa, detrás de los arboles, se sumergen en el agua turbia del pequeño estanque junto al jardín. Cómo librarme del  peso de sus almas si soy el producto del conjunto de cada uno de ellos. El hedor se hace más fuerte. Me duele la cabeza. He fracasado una vez más pero me siento bien. Mi abuelo me abraza a mitad del vacío, no dice ni una sola palabra, he olvidado su voz. Pronto lo olvidaré por completo así entonces morirá para siempre. Moriré junto con él. El lugar donde nací y he crecido se desmorona lentamente. El tiempo se haya oculto bajo toneladas de tierra y está justo debajo de mis pies. Es insoportable la peste pero poca importancia tiene para los demás ¿A qué has venido? No soy quién esperas, desde aquel último día que te vi me sentí abandonado. La última vez que pasé por aquella calle me detuve en el sitio dónde esperaste hasta que se cerrara la puerta, me fragmente. Desee en ese momento abrir los ojos para despertar, creyendo que sólo habría sido un mal sueño, un largo muy largo y profundo sueño. No soy nada, mírame con detalle, simplemente soy una masa de huesos, carne, sangre y piel. En lo único donde no puedo fallar es al morir, es inevitable y espero hacerlo bien. Seré paciente.

            Los espíritus ancestrales me rodean, reclaman mi sangre como la suya, están en lo correcto. La aurora en la bóveda celeste es la señal de la transmutación. La perfecta comunión de lo que es y lo que no es. De lo vivo con lo muerto, de la realidad con la imaginación. Desnudan mi alma que ha permanecido pura, me he ocupado de mantenerla así. Mi cuerpo se ennegrece y pudre, despide un olor fétido. El cuerpo es el templo de los pecados. La mente una fábrica de mentiras, de palabras vacías, de sentimientos falsos, de absurdas analogías, de mundos paralelos, de música prohibida, de versos sin fundamento. La mente es el infierno y en el pensamiento nace el demonio. En cambio el alma se encuentra oculta en el sexo. Templo de la creación, fuente de vida. Lo entiendo ahora. Una vez más mi abuelo me vuelve a abrazar, es hora de entregar el alma, de quedar vacio hasta el final de mis días. Mi esencia etérea debe permanecer inmaculada. El tiempo transcurre veloz, sanarán mis heridas. No pretendo cambiar nada a partir de este momento. Seguiré el camino que esté de frente hasta desvanecerme. Es un largo camino en el que nada ni nadie me espera, de ese modo no lastimaré a nadie. Es mejor que se vayan, que me dejen solo. Entrare a mi cuarto, me recostaré sobre la fría cama, respiraré un par de veces y dejaré que allá fuera se desintegre todo.

A dos bajo cero

Perder el tiempo, la vida, perder las ganas, perder los sentidos, perder en las apuestas, perder a los amigos, perdida tras perdida nos hace entender que el universo se apaga y es tan efímero cada momento que no se logra disfrutar de todo a la vez pues el espacio-tiempo en realidad es unidimensional. Ganar algo en la vida es perder, quizá nunca lo percibimos porque vamos tan apresurados en alcanzar aquello que creemos es la ganancia, la misma ciencia define claramente el concepto. Ganancia es el resultado después de restar todas nuestras perdidas, la vida es quizá la más bella de las ironías, perder para ganar como vivir para morir.

Con el frío por dentro de los huesos caminamos en los húmedos suelos de la ciudad una vez que el aguanieve del invierno ha descendido. Encogidos y con la mirada clavada al piso vemos como van y viene nuestros pies, ignoramos lo demás como siempre lo hemos hecho pero nos satisface saber que no somos indiferentes de vez en cuando nos preocupa algo. Entramos, salimos. Volvemos a entrar y quizá volvamos a salir o tal vez jamás entremos de nuevo. Una prueba más de relatividad, de incertidumbre. Sin embargo, lo desconocido, lo oculto, la oscuridad, lo incierto nos es tan atractivo, tan seductor que lo más normal es tener un poco de miedo y gracias a ello creemos en lo puesto para ser valientes y tener algo de fe para poder enfrentarnos en primer instancia a nosotros mismos pues no hay nada más misterioso, confuso, complejo y aterrador que el auto conocimiento.

Leemos el periódico, bebemos café o té, vemos por un momento el nublado cielo y como éste se desplaza por encima de nosotros impulsado por el viento gélido del norte. Meditamos brevemente en lo mucho o poco que podemos hacer para marcar la pequeña diferencia entre el ser y no ser, Sein ist Zeit und Zeit ist nichts. ¿Absurdo? Pero quizá haya tiempo para entenderlo y más aun para serlo. Regresar al maravilloso romanticismo del individuo, del yo y del otro yo. Entonar sinfonías que elogien el todo como una única entidad, ser devotos del universo, abstraerlo a la mínima potencia o fuerza que lo conforma. Seguir leyendo el periódico, dar un trago de café. Universo. Abstraer. Potencia. Crear un ciclo en espiral, buscar dentro del caparazón de un caracol las ciencias que esconde en su interior, ahogarnos en las calmadas aguas del profundo mar de alguna conchita, integrarnos a Phi, crecer o reducirnos como lo hace un fractal. Dejarnos llevar por lo estático, oponernos a lo dinámico, meras sugerencias para liberarnos de la rutina. Vivir un día a dos bajo cero.

Piñata

Piñata

                Por Chuck Esquivel

 

Ya era tarde cuando me arrepentí de haber tocado el timbre de la puerta, escuché el típico grito de “¿quién es?” y mi maldita educación me hizo responder a pesar de que segundos antes de eso intenté echarme a correr, soltar la carrera hacía la esquina más cercana pero no fue así, sólo di un par de pasos hacía atrás, levanté la vista hacía lo que posiblemente era su cuarto y vi que Ella venía bajando las escaleras, lista a abrirme y darme entrada a su casa. En ese momento había jodido mi tarde, quizá desde que pensé que sería buena idea ir a aquella reunión, ver los rostros surgidos de un pasado no tan lejano, escuchar el estúpido modo de hablar de aquellos con los cuales no simpaticé del todo, conversar con quienes jamás había conversado – y entiéndase conversación como el acto inteligente de intercambiar palabras – en momento alguno. Mis quietas y calladas tardes fueron perturbadas ese día, fue aun peor el darme cuenta que iba con mi disfraz de hipócrita impregnado de mi loción barata. Ya no había forma de sacar el pie que estaba adentro de la casa y mucho menos de utilizar algún viejo pretexto para salir huyendo de ahí, los demás desde la sala gritaban mi nombre, por un momento pensé que iba a ser algo interesante pues jamás había tenido tal ovación, todos sudaban y vociferan hipocresía a chorros.

Ya estando ahí, tomé asiento en el lugar más cómodo y le eché una mirada a cada uno de ellos, había dado el respectivo beso de Judas a cada uno mientras mi mente se comportaba honesta y sincera « ¿Qué haces tu aquí? Si nunca le has agradado a nadie y mucho menos a ella, tengo que saber cómo es que llegaste hasta acá porque no creo que alguien de los presentes te haya invitado, mucho menos sé como es que fui a caer aquí también» “¡Hola, qué gusto verte!” «Aun no te mueres porque Dios no es idiota» Surrealismo en su máxima expresión,  mascaras por todos lados, ni una pizca de  franqueza en la sala, estoy seguro que ni el blando sofá ni las blancas paredes lo eran, talvez el único que me recibió como debió ser fue aquel gato que reposaba sobre una mesita de cristal, el cual no mostró ningún interés en mi caricia y sólo movió su cabeza haciendo un gesto de esfúmate, piérdete, desaparece y tenía razón el animal, me quiera desvanecer de cualquier forma de ahí.

Platicaban del presente, del pasado y del futuro; aunque no tuvieran ni puta idea de que es el futuro y mucho menos entendían el presente. De las aventuras y nuevas amistades echas, de instantes graciosos que sólo lo eran para quien lo contaba, risas estúpidas y forzadas por mero compromiso. Hablar de los hijos de perra en secundaria, de lo patanes o pendejos que fuimos cada uno nosotros mientras compartíamos el mismo espacio y mismo aire, aire puro sin rastro de alguna estela de humo de tabaco, la plática iba bien pero faltaba el elemento que sellara el agradable ambiente que se iba gestando lentamente. Todo lo verdaderamente significativo tuvo una duración de quince o veinte minutos cuando Ella tuvo la grandiosa idea de poner música del radio, un ventilador sónico que arrojaba mierda a 92.1 mega Hertz de potencia, salpicando a todos y Ella con su sonrisita infantil mientras ajustaba el aparato, cerré los ojos y apreté los labios para que no entrara la mierda, aunque esta entraba por los oídos y no había forma de detenerla. Había que soportar un rato más, sabía perfectamente que la fiesta no duraría mucho aun así el tiempo iba despacio y la constante repetición de las anécdotas hacían que perdiera la cordura mas rápido, mi hipocresía ya era un harapo enorme de vagabundo, lleno de parches con leyendas como cállate, muérete, déjame en paz, eras una mierda, aléjate de mi, fuck you. En ese entonces, debo aclarar, no había bebido gota alguna de alcohol pero mi indiferencia me bastaba para embriagarme de tan lindos pensamientos. Y ese era el problema, no había alcohol que animará el sepelio que habían organizado en época prenavideña de aquel año,  el refresco sabor toronja ya había hartado mis papilas, pedían a gritos bebidas de hombres sabios, de humanos racionales , mi deseo se cumpliría y a la vez se iría al carajo, la madre de Ella sacó una botella de tequila, nos dijo claramente que sólo nos daría un poco nada de emborracharse, una vez mas yo y mis pensamientos, carcajadas y carcajadas dentro de mi «ha, ha, nadie pierde la razón con esa mierda que nos va a dar, pero no importa échele y no sea culo»  “así esta bien, muchas gracias, que amable” «Dios haz el milagro de hacer vino mi saliva para poder aguantar el tiempo que falta por estar aquí.». Aquel tequila con refresco de toronja me duró un buen rato, no quería que terminará, santo grial en mis manos y los demás hablando de las banalidades de su vida, mínimo hubiera esperado de ellos una respuesta a aquella acción de represión pues la reunión no tenía color ni forma, insipidez absoluta, en ese caso habría caído bien una pequeña aportación voluntaria (obligatoria) monetaria para ir por un par de cervezas y frituras, comprar un disco compacto pirata de los Deftones o cualquier cosa mejor que la Alfa, llegar y sacar una baraja o un dominó, hacer del ambiente mas sano, cada uno con sus cartas y un cigarrillo atrapado entre los labios, mandar al carajo al gato de la mesa para poder lanzar las apuestas al centro, escupir a los lados, maldecir al de enfrente, “¡hey! Jódanse queridos amigos pues tengo un full de reinas”.

La fiesta en mi imaginación iba de maravilla pero se vio atormentada cuando me percaté de la presencia de un individuo que era ejemplo absoluto de lo que llaman un cero a la izquierda, un tipo que había escuchado la charla completa, su expresión facial no me preocupo mucho pues estaba seguro que no comprendía nada en absoluto. Por un momento pensé hacerlo mi amigo, pero sabía quien era el individuo, un tipo igual o más aburrido que Ella, superficial, lerdo, torpe al hablar y lleno de vello facial, sin embargo era el único quien llevaba cigarros. La fiesta no podía ya estar más jodida, anhelé que sucediera una balacera en la calle, un temblor o una tormenta, nada de eso pasaría. Miré el reloj, los segundos se hacían minutos, los minutos eran horas y seguía mal la cosa. Ya la noche iba envolviendo el pequeño jardín que daba a la sala, Ella se desapareció unos segundos y se hizo el silencio, glorioso silencio que murió a su regreso, entre manos traía unos álbumes de fotografías, recuerdos de Ella, detalle que inmediatamente me pareció absurdo pero que a los demás les hizo gracia y causo emoción. Me tragaba la tierra para ese entonces, no estaba para nada interesado en ver las fotos ni en saber en que escuela primaria había Ella estudiado y mucho menos con quien de los presentes, ya todos me eran iguales, seres sin rostro y sin esencia, yo lo único que pedía era escuchar algo de buena música y un buen trago, sin embargo mi hipocresía actuó de buena fe y tomó un álbum y le echó un vistazo rápidamente, como si fuera una revista de esas que se ven al revés para ver si tienen algo que capte la atención. Nada interesante. Los demás opinaban, recordaban, reían y preguntaban, y fue lo único que se me ocurrió hacerle a Ella, una pregunta “¿en dónde estabas aquí?” a lo que ella respondió “fue un viaje que hice a Canadá, he, he, ahí me di cuenta que mi inglés era muy malo, no podía pedir ni siquiera bien un sándwich”. Vaya respuesta, tal vez mi pregunta la había formulado mal, pues lo que me interesaba saber era de que carajo lugar o monumento arquitectónico era el portón que parecía haber sido tallado en madera de roble, el cual tenía una altura de casi 3 metros con un tallado que parecía ser una mezcla del gótico y el arte neoclásica, o eso creía. Al final supe que es mejor pedir un sándwich en español que inglés si se está en Canadá por alguna extraña razón. Así las fotos iban y venían, talvez fue en ese momento cuando Ella se percató de mi poco interés sobre su vida retratada en papel mate y mencionó que había preparado una piñata para que saliéramos a romperla no sin antes hacer todo el protocolo de una posada, si había pensado que esa reunión ya no podía salir peor, estaba muy equivocado aun faltaba más. A pesar de la tonta idea de hacer el ritual de la posada me alegro un poco la idea de destruir algo, aquel burrito de engrudo y papel maché se perfilaba para ser el objeto en el cual descargaría toda aquella energía que se reprimía en la patética reunión, ya estaba decidido a quedarme con los dulces y usar la cabeza de aquel pequeño objeto del arte pagano para acumular mis acarameladas riquezas. Fue hasta ese entonces que sentía haber tenido mi recompensa tras haber soportado tanto, ya estaba listo para asesinar al animal de cartón, pero para mi desgraciada suerte la idea les pareció infantil a los demás quienes se sentían ya grandes como para andar rompiendo piñatas y después lanzarse al suelo por los dulces, traté de motivar a algunos, sólo tuve éxito con uno mientras que los demás estaban contentos todavía con la mierda que salía del radio y con los álbumes de fotografías.

Por mi cuenta sólo me quedó esperar el momento final, la hora de partir, eran casi las 9 de la noche, estaba sobrio y con frío, disgustado, con hambre, con la pregunta en la cabeza de por qué coños había decido ir a la reunión de Ella, con quien sólo había charlado dos veces en los tres años que compartimos un aula de clases. Ahí estaba ya despidiéndome, tomándome un par de fotografías para que no quedara duda de que ahí por un largo instante se echo a perder una parte de mi vida. Quería llegar a mi casa lo mas pronto posible, cenar pan y leche, pero aquel burrito de papel, de ojos opacos vio como nos alejábamos, su mirada alegre se tornó triste, no tuvo la oportunidad de que le asestara la más grande paliza de todas, una que las demás piñatas envidiarían, pero sólo fue una piñata fracasada así como yo me salí de aquel lugar después de haber tocado ese timbre.

 

Oscuridad

Apagó la luz y se sentó en el suelo alfombrado de su recamara, miro a través de la oscuridad buscando las mas caprichosas formas que las sombras pudieran tomar en ese momento,  se desabrochó los zapatos y los golpeo por la suela, esperando a que de ellos salieran algunos entes oscuros y divertidos con los cuales pudiese jugar. Nada. Arrancó bolitas de pelusa de la alfombra con una mano mientras con la otra se quitaba un calcetín, tomó dos de las bolitas y las colocó de tal forma que parecieran un par de ojos. Las sombras aun no llegaban, ni siquiera hacían ruido en la ventana, era un silencio abrumador. Ella no se desesperaba, aunque pensó en encender la luz y acabar con todas esa fantasías, pero a veces la sombras se escondían debajo de su cama mientras organizaban pequeñas acrobacias como las viejas caravanas de circo que iban de pueblo en pueblo, de cama en cama, de noche en noche.

            Recordó que en una de esas tantas noches sin luz había abierto una sombrilla para  protegerse de una lluvia de densa oscuridad, vio aquella vez como su cuarto se inundaba de aquella tormenta, se ahogaba, nadaba, navegó en su sombrilla, apenas alcanzó a subir a la sombrilla y fue la primera vez que vio a aquellas diminutas sombras que buscaban salvarse de la marea, del potente vaivén de la olas. Se acercó a la ventana, la abrió ligeramente y vio como el torrente de tinieblas se iba por la abertura de la ventana y caía en el suelo de la calle mientras ella lentamente descendía al suelo, sus ojos se encendieron para iluminar fugazmente el cuarto, vislumbró un par de pequeñitos seres húmedos de aquella lobreguez marina, los sujetó con cuidado, con la manga de su pijama los secó suavemente, los puso en su cama, les dio las buenas noches y se quedó dormida en esa ocasión.

            Seguían sin aparecer, comenzaba a ponerse furiosa, decepcionada, con ganas de entrar en llanto. Su padre le había mostrado lo bello que era el réquiem Pie Jesu, de Fauré, quería morirse poco a poco. Agarro bruscamente el calcetín de ojos de pelusa hasta estrangularlo y lo lanzo lejos, se acostó y cerró los ojos. Los ruidos comenzaron pero ella a propósito los ignoró.

            Sonaron unas pequeñas trompetitas, marchaban marcialmente los entes de la noche, otros más atrás bailaban y brincaban, unos llevaban antifaces y mascaras de muchos colores, colores que no se podían apreciar, cantaban, se estiraban, giraban, rodaban, gritaban, hacían malabares, juegos de mimos, trucos de magia, recitaban poemas. Ella los vio de con el ojo izquierdo semiabierto y sonrió levemente, abrió el otro cuando soltó una carcajada al ver que uno se tropezaba mientras andaba con zancos y cayó encima de unos que vestían como payasos. El carnaval en las sombras había comenzado.

            La madrugada entró como señal de que la fiesta tenía que terminar, todos los pequeños individuos nocturnos se despidieron en suaves y elegantes reverencias como si tratase de una reina, ella con sus manitas les mandaba besos, algunos desmayaban otros quizá se sonrojaban, era todo bonanza y alegría en el corazón. En la noche surge el amor, así ella lo comprendió con sus siete años de edad, pensó que cuando tuviera más edad se enamoraría de un príncipe de ojos avellana, de voz de miel y piel de flor de cerezo que viniera de un reino donde no existiera el sol ni las estrellas, tan solo la luna, luna nueva eterna, de nubes blancas y cielo de intenso azul, que llegaría acompañado de enormes corceles negro silicio que se la llevarían para siempre.

            Suspiró, hizo una seña de adiós con la mano y luego se acurrucó juntando ambas palmas dejandolas debajo de su cabeza como almohada, sus ojos los cerró la pesadez de su sueño y en un suspiro más se fundió para siempre en la oscuridad de su habitación.

Ur y Lur

Ur, hijo de Eguzki, su padre y de Laino, su madre, bajó la montaña al caer el atardecer con rumbo a las extensas llanuras y hogar de Lur, su hermana mayor. Descendió por el risco vertical como una cascada de cristalino líquido, escoltado por un banco de plateados peces y de rosados salmones comandado por Izokin, líder de los salmones y rey de todos los peces de los ríos. Ur en su camino, labró algunas piedras formando así los guijarros, mojó la hierba y creció el pasto. Ur llegó a casa de Lur como el río más caudaloso del que se haya podido contar. En el paso de Ur por los secos campos se fueron abriendo pequeños arroyos que saciaron lentamente la sed  de la tierra, a la par que iba pasando el agua en surcos la hierba crecía con estrépito, las semillas germinaban haciendo brotar bellas flores y árboles de jugosos frutos. Era el regalo de Ur a su hermana Lur, quien al verlo aproximarse ésta hizo un gran boquete en el suelo para que pudiera descansar su hermano de su largo viaje, Lur había creado el primer lago, un gran y profundo lago. Ur y Lur vivieron un largo tiempo en compañía, la vida abundaba en aquel valle. Fue hasta la mañana de un día de luna nueva cuando un espíritu del bosque llamado Arima anunció a Lur que se acercaba un gran ejercito, uno que era devastador e invisible, proveniente de las altas montañas del norte y bajo el mando por el temible Haize, hijo bastardo de la madre de Ur y Lur.